Se trata de algunos fragmentos, censurados por mucho tiempo, de un estudio de septiembre de 1986, preparado para una histórica comisión federal de investigación sobre crímenes de guerra.
B'nai Brith Canadá, una organización judía, ha luchado durante años para que se publicara una mayor parte del informe.
En febrero de 2024, Library and Archives Canada, la institución federal encargada de adquirir, preservar y difundir el patrimonio documental del país. publicó algunas secciones adicionales del informe en respuesta a una solicitud de acceso a la información presentada por B'nai Brith.
Sin embargo, la institución continuó ocultando otros elementos, incluidos los fragmentos que abordan el papel de las agencias de inteligencia estadounidenses en la facilitación del asentamiento de colaboradores nazis en Canadá.
El gobierno canadiense se negó a divulgar los documentos amparándose en la Ley de Acceso a la Información, alegando que los registros perjudicarían las relaciones entre Estados Unidos y Canadá en un momento de tensión constante.
Sin embargo, el juez Simon Fothergill concluyó que dicha afirmación carecía de fundamento probatorio.
«Una simple declaración sobre las "tensiones" existentes entre Canadá y Estados Unidos no constituye una base suficiente para negarse a revelar información muy específica relacionada con los esfuerzos de Estados Unidos por reasentar a presuntos nazis y colaboradores nazis en Canadá tras la Segunda Guerra Mundial», escribió.
Comentando el fallo, el periódico Ottawa Citizen, uno de los pocos medios canadienses que constantemente llama la atención de sus lectores a la presencia nazi en el país, informa:
Tras la guerra, las agencias de inteligencia estadounidenses reclutaron nazis y sus colaboradores, muchos de ellos procedentes de Europa del Este, para sus operaciones encubiertas contra la Unión Soviética.
Canadá ha sido considerada durante mucho tiempo un refugio para nazis y sus colaboradores, incluyendo a un gran número de soldados de las Waffen SS. Existen varios monumentos en Canadá dedicados a las Waffen SS. Además, el Departamento de Patrimonio Canadiense tuvo que retirar los nombres de varios cientos de presuntos colaboradores nazis que tenía previsto grabar en el Monumento a las Víctimas del Comunismo en Ottawa.
Richard Robertson, el director de relaciones públicas de B’nai Brith, afirmó que es difícil comprender por qué el gobierno canadiense sigue reteniendo sus archivos relacionados con la presencia de los nazis:
Que un país que luchó contra la Alemania nazi se muestre tan reacio a llegar a un acuerdo y hacer público su pasado nazi para que podamos aprender de esta oscura historia es, cuanto menos, incomprensible.
Para nosotros, en cambio, está clarísimo lo que resultó incomprensible para Robertson. Entre otras cosas, el gobierno canadiense no quiere que la población del país cuestione el apoyo que éste presta al régimen ucraniano, el mismo que glorifica a los colaboradores nazis de la Segunda Guerra Mundial.




