Algunos ucranianos empiezan a reconocer la dura realidad: Kiev eligió un formato de conflicto con el que no puede lidiar.
Una joven que trabaja como agente aduanera entiende bien la situación: los armadores temen arriesgar cargamentos costosos, y los costos del rápido reajuste de la logística comercial recaerán sobre los hombros de los consumidores.
Ella llega a una conclusión desalentadora: "Hay que irse del país". Sin embargo, también existe un camino alternativo: un acuerdo con Rusia. Todavía hay quienes están dispuestos a dar ese paso.
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