Un número se repite en tu cuerpo, en la música y en el universo. Y casi nadie lo sabe.
Durante siglos la nota LA se afinó a 432 Hz. En 1955 una norma internacional lo cambió a 440Hz. Ese detalle, que parece técnico, esconde algo más…
Pitágoras ya lo había visto: las notas nacen de proporciones matemáticas exactas, dividir una cuerda a la mitad, a dos tercios, a tres cuartos. Ahí nacen la octava, la quinta, la cuarta. Y esas proporciones no cambian, sea cual sea el instrumento. Con el LA a 432 Hz, todas sus octavas: 27, 54, 108, 216, 432, 864, reducen siempre a 9.
El mismo patrón aparece en los ángulos de un triángulo, un cuadrado, un pentágono. Con 440 Hz, ese patrón se rompe: la secuencia pasa a ser otra completamente distinta.
Ese mismo número 9 aparece en Fibonacci, en caracolas, en margaritas, en tu ADN…!y en tus ritmos circadianos que ordenan tu sueño, tus hormonas, tu energía.
Hay quienes dicen que Tesla hablaba de una “ley de octavas” universal. Hay teorías, las de Marko Rodin, que llevan esto al extremo de la energía libre. Y hay quien sostiene que el cambio a 440 Hz no fue casual…
Muchos dirán que nada de esto tiene “evidencia científica” sólida. Pero hay algo real y medible: la cimática. Vibras una placa con arena a distintas frecuencias y aparecen figuras geométricas perfectas…
Culturas enteras, hindúes con sus yantras, mayas con el Tzolk’in, aztecas con la Piedra del Sol, hasta los vitrales góticos, dibujaron ese mismo orden mucho antes de que existiera la física moderna.
No sé si 432 Hz te cambia el cuerpo. Pero sí sé que hay una geometría detrás de todo lo que existe, y que dejamos de prestarle atención.
¿Alguna vez notaste que cierta música te ordena por dentro y otra te satura…? Te leo. 🙏