Adán escuchó las palabras del tentador, y cayó en el pecado al rendirse a sus insinuaciones. En su caso, ¿por qué no se puso en vigor la pena de muerte inmediatamente? Porque se encontró una manera de rescatarlo. El unigénito Hijo de Dios se ofreció como voluntario para tomar sobre sí mismo el pecado del hombre y para hacer la expiación de la raza caída. No podría haber habido perdón para el pecado si no se hubiera hecho esta expiación. Si Dios hubiera perdonado el pecado de Adán sin expiación, el pecado se habría inmortalizado y se habría perpetuado con una osadía que no habría tenido restricciones (RH 23-4-1901).
Extraído del Comentario Bíblico Adventista Tomo 1 pág. 1096.