*Evangelio MARTES 18 agosto del 2026*
Mateo 19, 23 - 30
Señor Dios, Padre bueno y misericordioso, hoy me acerco a Ti con el corazón inquieto. Hay muchas cosas que me preocupan, situaciones que no puedo controlar y problemas que ocupan constantemente mis pensamientos.
A veces quiero encontrar respuestas inmediatamente, resolverlo todo y saber qué sucederá mañana, pero hoy quiero detenerme delante de Ti y descansar en tu presencia. Señor, dame serenidad. Serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar.
Serenidad para enfrentar aquello que sí puedo resolver. Serenidad para esperar cuando todavía no llega la respuesta. Serenidad para no tomar decisiones precipitadas cuando mi corazón está angustiado.
Tú conoces, Señor, cada una de mis preocupaciones. Conoces aquello que me quita el sueño, aquello que me hace pensar demasiado, aquello que temo que pueda suceder y aquello que todavía no sé cómo solucionar.
No necesito esconderte nada. Tú conoces mis pensamientos antes de que los pronuncie. Tú conoces mis lágrimas antes de que caigan. Tú sabes cuánto pesa mi corazón. Por eso hoy pongo todo delante de Ti. Te entrego mis problemas. Te entrego mis preocupaciones. Te entrego mis temores.
Te entrego mis dudas. Te entrego mis decisiones. Te entrego a las personas que amo. Te entrego aquello que puedo solucionar y aquello que está completamente fuera de mis manos. Señor Jesús, ayúdame a comprender que no tengo que resolver mi vida entera en un solo día.
Enséñame a vivir un día a la vez. Cuando mi mente quiera adelantarse al futuro, tráela nuevamente al presente. Cuando empiece a imaginar situaciones que todavía no han sucedido, dame serenidad.
Cuando quiera controlar aquello que solamente Tú puedes controlar, ayúdame a soltarlo y ponerlo en tus manos. Señor, cuando llegue la angustia, que mi primera reacción sea buscarte a Ti y no dejarme dominar por mis pensamientos.
Cuando tenga miedo, que rece. Cuando esté preocupado, que confíe. Cuando no encuentre respuestas, que espere. Cuando no sepa qué hacer, que busque tu voluntad. Cuando me sienta débil, que recuerde que Tú eres mi fortaleza.
*Espíritu Santo fuente de luz, ilumina mis PENSAMIENTOS y mis SENTIMIENTOS para que sean conforme a tu santa voluntad y a tu CORAZÓN misericordioso. Amén.*
Al terminar esta oración un Padre Nuestro