*Job 20.1 al 29*
En este segundo discurso, Zofar toma la palabra con una actitud profundamente alterada e indignada, lanzando una vehemente reprimenda contra Job. Convencido de poseer la verdad absoluta, Zofar describe detalladamente el rápido e ineludible desplome de los perversos, insistiendo en que el triunfo de los malvados es siempre breve y que su ruina final es el resultado directo de la ira justa de Dios contra el pecado.
20.1 y siguientes El discurso de Zofar reveló una vez más su falsa conjetura al basar su argumento exclusivamente en la idea de que Job era un hipócrita malvado. Zofar dijo que aunque Job había estado bien por un tiempo, no había vivido una vida recta, por lo tanto Dios le había arrebatado su riqueza. De acuerdo con Zofar, las calamidades de Job probaban su maldad. Resulta en extremo peligroso juzgar el estado espiritual de una persona basándonos únicamente en sus circunstancias externas, en sus sufrimientos o en sus pérdidas materiales.
20.2 y 3 Zofar manifiesta que sus turbados pensamientos lo impulsan a responder sin demora, movido por el enojo y el resentimiento que le produce escuchar la réplica de Job. Afirma haber oído una afrenta que lo deshonra y que su propio espíritu de entendimiento lo hace responder. Sin embargo, cuando permitimos que la impaciencia, la herida al orgullo y la indignación guíen nuestras palabras, corremos el grave riesgo de cerrar nuestro corazón a la empatía y terminar lastimando profundamente a quien necesita verdadero consuelo.
20.4 y 5 Zofar pregunta a Job si acaso ignora que desde la antigüedad, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra, el júbilo de los impíos es breve y la alegría del hipócrita dura solo un momento. Aunque es cierto que el mal no prevalecerá eternamente, Zofar erró al aplicar esta verdad general de manera tajante e insensible sobre Job, encasillando su sufrimiento inmerecido dentro de un dogma mecánico, rígido y cerrado.
20.6 y 7 A pesar de que Zofar estaba equivocado al dirigir su perorata contra Job, tenía razón al hablar del final de las personas malas. Al principio, el pecado parece atractivo y se disfruta. Mentir, robar u oprimir a otros a menudo trae un beneficio temporal para aquellos que practican estos pecados. Algunos incluso viven largas vidas con un beneficio mal habido. Pero al final, la justicia de Dios prevalecerá. Lo que Zofar no pudo ver es que el juicio por esos pecados quizá no venga durante la vida de un pecador. El castigo puede ser aplazado hasta el juicio final, cuando los pecadores serán cortados de la presencia de Dios. No debemos impresionarnos por el éxito y el poder de la gente perversa. El juicio de Dios sobre ellos es seguro.
20.12 al 16 Zofar describe el pecado como algo dulce en la boca del malvado, quien lo esconde debajo de su lengua y lo saborea lentamente, pero que luego se transforma en hiel de áspides dentro de sus entrañas. Explica que la riqueza mal adquirida será vomitada y que Dios mismo se la sacará del vientre. La ilusión del deleite pecaminoso siempre termina en amargura y autodestrucción, pues lo que se obtiene mediante la injusticia jamás podrá traer verdadera paz al corazón humano.
20.17 al 22 Zofar asegura que el malvado no verá los arroyos ni los ríos de miel y de cuajada, y que devolverá el fruto de sus fatigas sin haberlo disfrutado. Debido a que oprimió y desamparó a los pobres y robó casas en lugar de edificarlas, no conocerá sosiego en su vientre ni le quedará nada de su codicia. En el momento de su mayor abundancia padecerá estrechez y la mano de la miseria vendrá sobre él. La avaricia, el maltrato al necesitado y el egoísmo llevan ineludiblemente a la ruina espiritual.
20.23 al 29 Zofar concluye afirmando que cuando el perverso intente llenar su vientre, Dios enviará sobre él el ardor de su ira y la lluvia de su enojo. Los cielos revelarán su iniquidad y la tierra se levantará contra él en el día de la ira divina. Declara que esta es la porción que Dios reserva para el hombre impío y la herencia que se le decreta.
August 29, 2026 55