¿Por qué necesitas mostrar a otros ese pensamiento negativo? ¿Es real ese pensamiento o es un juicio?
Al atacar, juzgamos, negamos la luz y generamos dolor.
Por ejemplo, no tiene nada que ver decir "me siento triste cuando actúas así" que decir "haces que me sienta mal" o "tú eres así".
Muchas personas se centran en la otra persona, en lo que hace, en lo que es —o, mejor dicho, en lo que creen que es—. Sin embargo, no comprenden que eso son ataques y juicios, y que cuanto más miren a la otra persona, menos sanan su propio dolor.
Cuando la persona difumina esta emoción, cree que ayuda, pero en su acción hay veneno. Necesita hacer ver su superioridad, sacar a relucir todo lo que humille o avergüence al otro, aunque no sea cierto. Necesita demostrar que ella es mejor, que solo intenta ayudar, y suele justificar sus acciones, palabras y juicios detrás de una visión oscurecida del otro. Le ve orgulloso, enfermo, negativo, y proyecta en el otro sus peores venenos y defectos.
La persona pasiva ve a quienes tienen voluntad como agresivos.
Las personas con poco poder personal ven a los asertivos como egoístas y frías.
La envidia hace que no aceptes esas virtudes ajenas, y veas defectos en todo lo que realmente necesitas aprender. El pobre ve desgraciado y tacaño al rico; la persona insegura ve egocéntrico a quien es seguro de sí mismo; y quien es perezoso ve a la persona que se esfuerza como alguien a quien la vida se lo ha puesto fácil.
Cuando por fin la persona envidiosa acepta el esfuerzo, sacrificio y trabajo ajeno, considera que ella también pasó por lo mismo, comparándose e igualándose.
La envidia, en su aspecto más negativo, desea el mal ajeno, pero muchas veces lo hace de una forma sutil, por ejemplo deseando que la otra persona viva esa experiencia dolorosa para que aprenda o cambie.
Para sanar la envidia tenemos que dar la vuelta a esto, entendiendo que es una manera de esconder el problema que uno sufre.
Por último, para sanar la envidia, es necesario dejar de envenenar los pensamientos propios o ajenos. Aprender a respetar el criterio que cada uno tenga sin sacar a relucir aquello que hará que otros cambien su opinión.
Para sanar completamente hay que reparar todo lo proyectado en el pasado, pedir perdón y transformar el odio y pensamientos negativos generados, el veneno y el dolor creado. Se trata de empearr a desear el bien a aquellos a quien tanto daño hiciste envidiando. Con la misma fuerza y el mismo tiempo que deseaste el mal.
Muchas personas creen ue pedir disculpas, pedir perdón y perdonar es un instante, y lo es, pero reparar las heridas generadas puede llevar mucho más tiempo.
En resumen, la envidia genera muchos pensamientos negativos hacia otros, y la mente es poder, es creación y destrucción. Para dar la vuelta a esa magia generada, o que nos hayan generado, es necesario crear pensamientos positivos, con la misma intensidad emocional. Pensamientos de abundancia, amor, felicidad y éxito. Pensamientos positivos sin peros, sin ver los defectos, sin generar esa sombra final que, como un cuchillo, da la vuelta a todo.
Te deseo lo mejor del mundo, y no hace falta más. No hace falta añadir "para que superes...", "para que veas que no te guardo rencor...", "para que sanes tus problemas", "para que aprendas eso que aún no sabes...".
Desea el bien puro:
Te deseo todo el amor, la dicha, la felicidad, la salud del mundo, porque lo mereces, porque eres precioso, perfecto, porque eres dicha, amor, felicidad y salud.