La controvertida creadora conocida como Mikeneko, antiguamente bajo la identidad de Uruha Rushia en la agencia Hololive, desató el asombro de toda la comunidad tras comenzar a comercializar fotografías reales de ella misma.
Buscando nuevas formas de interactuar con su audiencia independiente, la artista reveló que un fanático le regaló unas atrevidas prendas. Tras probárselas, decidió fotografiar los resultados para venderlos mediante costosas membresías mensuales.
Lejos de criticarla por abandonar el estricto formato virtual, miles de seguidores la apoyaron incondicionalmente, pagando las suscripciones y celebrando que la creadora por fin pueda monetizar su trabajo con total libertad.












