_*¡Deja tus riquezas!,*_ porque para ser santo no basta ser buena persona, crecer, ser mejor o autopercibirte buen cumplidor de las leyes y mandamientos, pero sin renunciar a todo aquello a lo que te has apegado. No, no basta, se tiene que ser perfecto, es decir, buscar ser santo y alcanzar la santidad con su Gracia; tan sólo desearlo con fuerza, pues Él hará de ti, Él hará el resto.
* ```"«Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes." (Mt 19, 21-22)```
¿Y cuáles son tus muchos bienes? ¿a qué te has apegado en esta vida?. Eso que nos apegamos es aquello que de no tenerlo a la mano, o tenerlo en el modo que lo deseamos, o en el momento que lo queremos, o de cuando vemos la posibilidad de perderlo sea que nos entristecemos, enojamos o reaccionamos de alguna manera negativa, ya sea ello: personas, medios materiales, posesiones, hábitos, actitudes, formas de ser, etc. El sentir que algo a lo que nos hemos apegado está en riesgo de que lo perdamos, y eso, nos hace reaccionar mal, ¡he ahí nuestro apego! ¡he ahí nuestro ídolo!. Aquello que adoramos sin que tengamos cabal conciencia de ello, pero que cuando un acontecimiento se da y lo pone en riesgo, nosotros de alguna forma decaemos.
Y es por entonces que no podemos seguir a Cristo, porque las ataduras de esas riquezas de las que nos hemos hecho no nos permiten tener el ánimo suficiente para soltarnos las amarras e ir tras Él. Podemos ser muy buenos cumplidores de la ley, de mucha piedad, sumamente educados, admirados y religiosos, y hasta ser capaces de dejar bienes materiales, mas lo lazos que nos atan a "nuestras riquezas" son más fuertes y nos quedamos atrapados, esclavos de nuestros "muchos bienes" sin la oportunidad de ser plena y verdaderamente libres para seguir a Cristo.
Pero, dile a Cristo que quieres ser perfecto, que quieres alcanzar la santidad, que sabes de esas "muchas riquezas" que tienes y que te atan, pero que tu amor por Él quieres que sea mucho más fuerte que eso para romper las cadenas que atan a tus "muchos bienes". Anda, dile a Cristo: "¡quiero ser libre! ¡rompe mis cadenas! ¡rompe toda atadura que no me permite seguirte!".