Si es peligroso ser negligente en el mando de un barco en medio del mar, cuánto más peligroso es abandonarlo a la tormenta con las olas altas; y aun así, la Iglesia que se abre paso en el océano de este mundo como un gran barco, golpeado en esta vida por diversas olas de tentación, no debe ser abandonada sino guiada.
~ San Bonifacio, Carta al Arzobispo Cuthbert de Canterbury (747)



















