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- Clave: TORAH
La 5ta aliya de la Parashá Ki Tavo nos muestra a Moisés ordenando al pueblo que al cruzar a la tierra, se dividan en dos grupos. Seis tribus, Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín, estarán sobre el monte Gerizim para la bendición. Las otras seis, Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí, estarán sobre el monte Ebal para la maldición. No es un acto simbólico distante, es una declaración pública de que cada persona y toda la comunidad están bajo la autoridad de la palabra de Elohim y deben elegir.
Lo que sigue en esta aliya es lo que proclaman los levitas en voz alta. Son doce declaraciones que comienzan con maldito. Y lo que llama la atención es que casi todas hablan de lo que se hace a escondidas. El que hace un ídolo en secreto, el que desprecia a su padre o a su madre cuando nadie lo ve, el que mueve la frontera de su prójimo, el que hace errar al ciego en el camino, el que tuerce la justicia del extranjero, del huérfano y de la viuda, el que comete actos de inmoralidad en lo oculto, el que hiere a su prójimo en secreto, el que acepta soborno. Termina con una frase que lo abarca todo: maldito el que no confirme las palabras de esta ley para hacerlas. Y en cada una, todo el pueblo debe responder amén. No hay neutralidad. Cada uno asume responsabilidad por lo que se hace en lo privado.
Esa es la base para entender lo que viene inmediatamente después al inicio del capítulo 28. Si escuchas atentamente la voz de Elohim y guardas sus mandamientos, las bendiciones no son ideas lejanas. Son concretas. Bendito serás en la ciudad y bendito en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra y el fruto de tu ganado. Bendita tu canasta y tu amasadero. Bendito al entrar y bendito al salir. Elohim está diciendo que la obediencia que nace en lo secreto se manifiesta en lo cotidiano, en el trabajo, en la familia, en la entrada y salida de cada día.
Para nosotros que estamos reunidos en oración, esta aliya nos pone en el mismo lugar que aquel pueblo entre los dos montes. No estamos aquí solo para pedir, estamos para confirmar. La oración es el momento donde decimos amén a lo que Elohim ha establecido y reconocemos que Él ve lo que nadie más ve. Cuando nos ponemos a cuentas con lo oculto, abrimos la puerta para que la bendición alcance lo visible. Entremos a este tiempo de oración con esa claridad, dejando a un lado lo que debe ser corregido y afirmando con nuestra boca y con nuestras acciones que queremos caminar conforme a su instrucción.
Shalom.