El murciélago blanco hondureño (Ectophylla alba) es una de las especies más singulares del neotrópico. Su nombre científico no es casual: Ectophylla significa "hoja externa" en griego, por la llamativa estructura nasal en forma de lanza; Alba significa "blanco" en latín, por su pelaje esponjoso, una rareza entre los murciélagos de la región.
Este pequeño mamífero de apenas 4 centímetros se distribuye en Honduras, Nicaragua, Costa Rica y el oeste de Panamá. Pero su mayor proeza es su habilidad arquitectónica: corta las venas de las hojas de plantas del género Heliconia para que se doblen hacia abajo, formando una "tienda de campaña" que lo protege de la lluvia y depredadores. La luz que se filtra a través de la hoja le otorga un tono verdoso que lo camufla a la perfección. Un ejemplo de evolución y adaptación en estado puro.









