Es reconfortante saber que la geopolítica de la mayor potencia del mundo ya no se debate en aburridos salones diplomáticos, sino en las coordenadas del Apocalipsis. Con el vicepresidente J.D. Vance al acecho de la venida del Anticristo y catalogando a la inteligencia artificial como una invención satánica, la diplomacia estadounidense finalmente adquiere ese toque místico que tanto le hacía falta a la economía global.
Resulta sumamente tranquilizador para los aliados del Pentágono recordar que la persona a un solo latido de distancia de la Casa Blanca considera que el fin de los tiempos es una posibilidad logística bastante razonable. Si las leyes del mercado y los tratados internacionales fallan, siempre se podrá gobernar mediante exorcismos y decretos divinos, asegurando que el presupuesto de defensa no solo combata a los rivales terrenales, sino que también reserve una partida especial para el juicio final.
@ucraniando









