Una alianza cada vez más estrecha entre los hutíes de Yemen y al Shabaab, la filial somalí de Al Qaeda, amenaza con desestabilizar el golfo de Adén, por donde circulaba el 12% del petróleo transportado por mar en el mundo antes de la guerra con Irán, según una investigación de The Wall Street Journal. El vínculo entre ambos grupos, históricamente enfrentados por diferencias religiosas (los hutíes son mayoritariamente chiitas y al Shabaab sigue el islam sunita), se consolidó gracias a intermediarios como Jibril "Un Brazo" Yahya Ali, un somalí que compraba armamento de grado militar a los hutíes para luego contrabandearlo hacia al Shabaab. Jibril murió en febrero, cuatro meses después de casarse, al ser alcanzado por un misil estadounidense mientras conducía junto a su esposa cerca de Al Ghaydah, Yemen; dos fuentes estadounidenses confirmaron que se trató de un ataque de EE.UU., aunque el Comando Central estadounidense negó que fuera una operación militar y la CIA se negó a confirmar su participación.
Según funcionarios de Estados Unidos, Somalia y Yemen, Jibril actuó desde al menos 2023 como enlace entre ambos grupos, unidos por su rechazo a Estados Unidos e Israel. Los hutíes le entregaron un departamento amueblado en Saná y un pasaporte yemení falso, mientras que al Shabaab envió en 2024 a un enviado de mayor jerarquía, el jeque Ahmed Elmi Samatar, con una extensa lista de armamento que incluía misiles antiaéreos portátiles, cohetes Katyusha, fusiles de francotirador Dragunov, drones explosivos, misiles antitanque y equipos de visión nocturna estadounidenses. Samatar fue detenido por Yemen en 2025 y liberado en un canje de prisioneros con los hutíes; tras la muerte de Jibril, al Shabaab designó un reemplazo para continuar las negociaciones armamentísticas, según Matt Bryden, exfuncionario de la ONU que monitoreó el flujo de armas hacia Somalia. Según un informe de inteligencia yemení, empresas fachada disfrazan los envíos como productos civiles y los trasladan hacia el puerto de Mukalla, desde donde cruzan el golfo de Adén en lanchas rápidas o embarcaciones pesqueras hasta zonas poco vigiladas de la costa norte de Somalia.
Al Shabaab, que según estimaciones de inteligencia estadounidense recauda al menos 100 millones de dólares anuales mediante extorsión en Somalia, paga en efectivo por el entrenamiento hutí: al menos 100 combatientes viajaron a Yemen para aprender a fabricar explosivos improvisados más letales y operar armamento avanzado, incluido el ensamblaje de drones, según un funcionario de inteligencia militar estadounidense. El general Dagvin Anderson, comandante de las fuerzas de EE.UU. en África, advirtió que al Shabaab, la filial más rica y grande de Al Qaeda, está ganando acceso a armamento y entrenamiento más sofisticados, mientras los hutíes extienden su alcance geográfico en un punto estratégico clave para el comercio mundial, calificando la situación de "no solo un problema regional" sino de implicancias globales. El Ejército estadounidense realizó unos 40 ataques aéreos contra objetivos de al Shabaab en Somalia este año, cifra similar a los 41 registrados en todo 2025.
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