Hidrógeno verde: limpio en su origen, convencional en su principio La animación representa una de las grandes apuestas energéticas actuales: producir hidrógeno utilizando electricidad procedente de fuentes renovables. El principio es conocido. Se introduce agua (H₂O) en un electrolizador y se aplica electricidad entre dos electrodos. Como resultado, obtenemos hidrógeno (H₂) y oxígeno (O₂): 2 H₂O → 2 H₂ + O₂ Si la electricidad procede de energía solar, eólica u otras fuentes renovables, hablamos de «hidrógeno verde». El hidrógeno puede almacenarse y utilizarse como vector energético en pilas de combustible, procesos industriales o transporte. Por muy «verde» que sea la electricidad utilizada, lo mostrado sigue siendo, desde el punto de vista electroquímico, una electrólisis convencional. Cambia el origen de la energía, pero no el principio físico del electrolizador. Y aquí entra una cuestión fundamental: el amperaje. Según la ley de Faraday, la cantidad de hidrógeno producida mediante electrólisis está directamente relacionada con la carga eléctrica que atraviesa la celda. Simplificando: para producir mucho hidrógeno convencionalmente debe circular una cantidad considerable de corriente. Por eso podemos describirlo coloquialmente como «fuerza bruta de amperaje». Los electrolizadores modernos reducen pérdidas mediante mejores catalizadores, electrodos, membranas y diseños, pero siguen dependiendo de la transferencia de carga. A 25 °C, la tensión reversible teórica de la electrólisis del agua ronda los 1,23 V y la tensión termoneutral los 1,48 V. En dispositivos reales aparecen además pérdidas por activación, resistencia óhmica y transporte de masa. ¿Y qué sería entonces la llamada «voltrólisis»? «Voltrólisis» no es actualmente una denominación científica normalizada comparable a la electrólisis alcalina, PEM o de óxido sólido. El término se utiliza informalmente para diferenciar la electrólisis convencional —basada fundamentalmente en el paso de corriente— de sistemas que pretenden provocar la disociación del agua principalmente mediante campos eléctricos de alta tensión, pulsos, polarización y resonancia, manteniendo deliberadamente muy baja la corriente. La referencia histórica más conocida es la Water Fuel Cell de Stanley A. Meyer. En su patente US 4,936,961, Meyer describió el agua como parte dieléctrica de una especie de condensador integrado en un circuito resonante. Su planteamiento pretendía maximizar la tensión mientras restringía la corriente. Otros documentos suyos describen pulsos, bobinas de choque y una celda-condensador. Conceptualmente, la diferencia sería: Electrólisis convencional: corriente → transferencia de carga → reacciones electroquímicas → H₂ + O₂. «Voltrólisis»: alta tensión + campo eléctrico pulsado/resonante + corriente limitada → intento de alterar o debilitar la interacción molecular hasta favorecer la disociación. Meyer denominaba a su propuesta «electrical polarization process» y sostenía que podía someterse la molécula de agua a una estimulación por voltaje aprovechando sus propiedades dieléctricas. Es hidrógeno verde. Pero sigue siendo electrólisis. La verdadera revolución sería demostrar experimentalmente, mediante mediciones reproducibles de energía de entrada y cantidad de gas producido, que puede sustituirse la electrólisis dependiente de corriente por una disociación predominantemente controlada mediante voltaje. Eso es precisamente lo que tendría que demostrar la llamada «voltrólisis». Y esa demostración sigue pendiente.
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August 13, 2026 8