A medida que fui siendo mayor, y cuanto más insípidas me sabían las… — La Gran Dimisión — TG.ME

"A medida que fui siendo mayor, y cuanto más insípidas me sabían las pequeñas satisfacciones que hallaba en la vida, con tanta mayor claridad comprendía en dónde había de buscar la fuente de las alegrías y de la felicidad.

Supe que ser amado no es nada, que amar, sin embargo, lo es todo. […].

Donde quiera que viese en la tierra algo que pudiera llamarse «felicidad», ésta se componía de sentimientos.

El dinero no era nada, el poder tampoco. Veía a muchos que poseían ambas cosas y eran desdichados. La belleza no era nada; veía a hombres y mujeres bellos, que a pesar de toda su belleza eran desdichados. Tampoco la salud contaba demasiado. Cada cual era tan sano como se sentía; había enfermos que rebosaban de vitalidad hasta poco antes de su fin, y personas sanas que se marchitaban, angustiadas por el temor de sufrir.

La dicha, sin embargo, siempre estaba allí donde un hombre tenía sentimientos fuertes y vivía para ellos, sin reprimirlos ni violarlos, sino cuidándolos y disfrutándolos. La belleza no hacía feliz al que la tenía, sino al que sabía amarla y venerarla.

Aparentemente existían muy diversos sentimientos, pero en el fondo todos eran uno. A cualquiera de ellos puede llamársele voluntad o cualquier otra cosa. Yo lo llamo amor. La dicha es amor y nada más. El que es capaz de amar es feliz. Todo movimiento de nuestra alma, en el que ésta se sienta a sí misma y sienta la vida, es amor. Por tanto, es dichoso aquel que ama mucho.

Sin embargo, amar y desear no es exactamente lo mismo. El amor es deseo hecho sabiduría; el amor no quiere poseer, sólo quiere amar. Por eso también era feliz el filósofo que mecía en una red de pensamientos su amor al mundo y que lo envolvía una y otra vez con su red amorosa. […].

El fondo de toda sabiduría es: la felicidad sólo viene a través del amor. Si digo: «¡Ama al prójimo!», estoy ya falseando la doctrina. Tal vez sería más justo decir: «¡Ámate a ti mismo como a tu prójimo!». Quizá el fallo original fue empeñarse siempre en empezar por el prójimo... Sea como fuere, nuestro más íntimo ser desea felicidad, desea una armonía bienhechora con lo que está fuera de nosotros.

Esta armonía se destruye en cuanto nuestra relación hacia cualquier objeto es otra que la de amor. No existe una obligación de amar, sólo hay la obligación de ser feliz. Para esto exclusivamente estamos en el mundo. Y con todas esas obligaciones, moral y mandamientos raramente hacemos felices a los demás, porque con ellos no nos hacemos tampoco felices a nosotros mismos. Si el hombre es capaz de ser «bueno», sólo lo será si es feliz, si tiene armonía en su interior. Es decir, si ama. La desdicha en el mundo y la desdicha en mí mismo procedía por tanto de un trastorno en la capacidad de amar.

[…].

Para ellos lo único importante en el mundo es el ser más íntimo, el alma, la capacidad de amar. Estando eso en orden da igual comer mijo o bizcochos, llevar harapos o joyas, que el mundo concuerda en pura armonía con el alma, es bueno, está en orden».

💬 Herman Hesse
📖 OBSTINACIÓN

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June 25, 2026 485 6