*1. Diagnóstico de las nuevas cadenas: Para Bolívar, la esclavitud era una contradicción central que debía ser abolida, como lo expresó en su Discurso de Angostura al implorar "la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República". Hoy, la deuda externa, la dependencia tecnológica, el extractivismo y el asedio financiero son los nuevos grilletes. Su lucha debe traducirse en una ofensiva contra las estructuras económicas que perpetúan la desigualdad y la subordinación, reconociendo que la independencia política es un primer paso, pero no el último.*
*2. Construcción del proyecto integrador: El Congreso de Panamá fue su gran intento de crear una "asamblea de plenipotenciarios" para "servirnos de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes". Fracasó por la mezquindad de los intereses locales. Hoy, ese sueño debe renovarse no como una entelequia diplomática, sino como una organización política efectiva que articule los esfuerzos de los pueblos del Sur contra el colonialismo del siglo XXI, construyendo un "equilibrio del universo" que contrarreste el poder hegemónico.*
*3. Reinvención del "ejército libertador": Hoy, las armas son otras: el control de la información, la disputa cultural y la organización de las masas. Bolívar entendió que la victoria no viene de la mera audacia, sino de "proporcionar la constancia a los trabajos". Ese principio debe aplicarse hoy a la construcción de poder popular, a la educación en la soberanía y a la batalla cultural contra el pensamiento colonial. Se requiere un "ejército" de educadores, comunicadores y organizadores que asuman la tarea de "formar el corazón" de las nuevas generaciones para la libertad y la justicia, tal como el Libertador lo hizo con sus soldados y llaneros.*
*Un horizonte para organizarse*
El mayor temor de Bolívar, y el que finalmente devoró su obra, no es el ejército español, sino la fragmentación y el caudillismo. Como expresa en su Discurso de Angostura (1819): " *_Semejante a un robusto ciego que instigado por el sentimiento de sus fuerzas, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos_* ". Ese " *ciego* " es un pueblo que, liberado de la dominación externa, no ha forjado una conciencia de unidad.
Aquí la reflexión de su maestro, *Simón Rodríguez* , es una clave insoslayable para entender y actualizar el proyecto bolivariano. Don Simón escribió:
" *_Alborotar a un pueblo por sorpresa, o seducirlo con promesas, es fácil; constituirlo es muy difícil; por un motivo cualquiera se puede emprender lo primero, en las medidas que se tomen para lo segundo se descubre si en el alboroto o en la seducción hubo proyecto; y el proyecto es el que honra o deshonra los procedimientos; donde no hay proyecto no hay mérito. Hombres arrastrados a una acción por la fuerza de un genio superior, o por las circunstancias, no pueden probar que en su cooperación hubo cálculo. Se ha hecho la revolución... en hora buena; ha aparecido el valor, la constancia, el heroísmo... falta todavía mucho para adquirir la verdadera gloria con que se coronan las empresas políticas_* ".
Este texto parece escrito para las crisis de las repúblicas americanas. La revolución, el acto de liberación, fue el " *alboroto* ". Lo que vino después —el caudillismo y la disolución de la Gran Colombia— fue la consecuencia de no haber pasado del heroísmo guerrero a la grandeza del estadista. La " *verdadera gloria* " para la que aún no estábamos preparados era la de constituir una patria, es decir, proyectar, organizar y edificar.
¿Para qué sirve Bolívar, entonces?
Para recordarnos que el mero hecho de la independencia no es suficiente. La pregunta que nos dejó no es " *¿cómo nos liberamos?* ", sino " *¿cómo construimos?* ". Hoy, frente a la adversidad, la respuesta no puede ser la improvisación ni la dependencia de un " *genio superior* ". Debe ser, como lo supo hacer Bolívar en sus campañas, " *proporcionar la constancia a los trabajos* ".